El último sello de una era: Las librerías de Donostia que cierran, pero no desaparecen
El reciente adiós de la Librería Hontza se suma a una lista de ausencias que deja huérfana la ciudad. Sin embargo, los antiguos sellos de propiedad en las primeras páginas de sus libros están transformando estas obras en codiciados objetos de culto para coleccionistas y románticos de la cultura.
Donostia está perdiendo su papel impreso, hasta un periódico regional se imprime fuera de Gipuzkoa. El cierre de la emblemática Librería Hontza, en la calle Okendo, ha caído como un jarro de agua fría sobre una ciudad que ya ha visto cómo persianas históricas como las de Lagun o Preste Juan bajaban definitivamente. Pero mientras el local físico desaparece, una curiosa forma de resistencia cultural está emergiendo en las estanterías de los hogares donostiarras: el coleccionismo de sellos de la marca de la propiedad de la librerías.

La huella de una identidad
Durante décadas, era tradición que el librero estampara un pequeño sello de caucho o pegara una etiqueta en la primera página o en la guarda del libro. Era una marca de origen, una garantía de calidad y un vínculo emocional. Hoy, esos sellos son el certificado de defunción —y de gloria— de negocios que ya no existen.
- Librería Lagun: El sello con la dirección de la Plaza de la Constitución no es solo una dirección; es el símbolo. Poseer un libro con su marca es poseer un trozo de la historia viva de San Sebastián.
- Preste Juan: Ubicada en la calle San Juan, su sello azulado evoca aquel «bazar esotérico» y literario donde se encontraban títulos imposibles. Ver su estampa hoy es un viaje directo a la nostalgia de una Parte Vieja que se siente cada vez más lejana.
- Hontza: Con su icónico búho, la etiqueta de Hontza es la última en entrar en este catálogo de ausencias. Lo que antes era una simple marca de venta, hoy se percibe como una «denominación de origen» que aumenta el valor sentimental, y cada vez más el económico, de los ejemplares en el mercado de segunda mano.
Del estante al museo personal
Para los bibliófilos, estos libros ya no se juzgan solo por su contenido. «Un libro de la editorial Anagrama lo puedes comprar en cualquier gran superficie, pero un ejemplar de Anagrama con el sello de Hontza es único. Te dice dónde fue comprado, quién te lo recomendó y que ese negocio ya no está», comenta un coleccionista local.
El fenómeno está convirtiendo los rastros de libros usados y las ferias de viejo en una búsqueda del tesoro. Se buscan esas tintas azules o negras, a veces ligeramente borrosas por el paso del tiempo, que rezan: San Sebastián – Donostia.
Un mapa de ausencias
La desaparición de estas librerías emblemáticas deja un vacío que las plataformas digitales no pueden llenar. Sin embargo, gracias a este pequeño gesto de marcar los libros, la memoria de Lagun, Preste Juan y Hontza sobrevive.
Cada vez que alguien abre un libro viejo y encuentra uno de estos sellos, la librería vuelve a abrir por un instante. Estos sellos son, en definitiva, el último refugio de la cultura donostiarra que se resiste a ser olvidada, convirtiendo cada biblioteca privada en un pequeño museo de lo que fuimos.

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