Sonría, por favor: usted está en La Concha (y en el ‘timeline’ de medio planeta) ola de calor Donostia
Si usted ha osado bajar hoy a la playa de La Concha a combatir esta infernal ola de calor, lamento informarle de que sus posibilidades de mantener el anonimato son exactamente las mismas que las de ver un pingüino paseando por el Boulevard. Olvídese de aquello de «desconectar» en la orilla. Hoy en día, tumbarse en la arena donostiarra es lo más parecido a meterse, en bañador y sin maquillar, en el plató de un reality show retransmitido a nivel mundial.
Basta con echar un vistazo al paseo para comprender la magnitud de la tragedia. Tal y como inmortaliza la emblemática estampa, los bípodes y trípodes ya forman parte del mobiliario urbano oficial de la bahía, compitiendo en protagonismo con las mismísimas farolas de la barandilla. El objetivo apunta implacable hacia la arena, listo para capturar cada michelín, cada batalla contra la sombrilla y cada entrada torpe al Cantábrico.
Un ecosistema de paparazzi improvisados
El catálogo de amenazas a su privacidad es amplio, variado y sumamente persistente:
- El espía de Estado: Ese señor con sombrero de paja y bermudas floreadas que parece un turista despistado es, en realidad, un fotógrafo de agencia estatal subvencionada. Lleva un teleobjetivo capaz de retratarle los poros de la piel. Si usted tiene la desgracia de lucir un aspecto «suficientemente acalorado», mañana abrirá la portada de algún periódico de papel nacional bajo el titular: «El termómetro se dispara en el Norte». Felicidades, ya es el rostro oficial del cambio climático.
- La resistencia de la prensa local: Por allí deambulan también los abnegados becarios de periódicos guipuzcoanos que ya ni tienen rotativa en la provincia. Almas que necesitan rellenar la galería digital de “Los donostiarras combaten el bochorno” para rascar unos clics, sin pedir permiso al personal que sale en la foto.
- El hostelería ‘influencer’: Tampoco se librará de las redes sociales de las emisoras de radio locales ni del community manager del bar de la esquina. Sí, ese mismo bar que ha colgado el cartel de «Cerrado por vacaciones» pero cuyo dueño aprovecha su tarde libre para sacarle una foto a traición desde el muro mientras usted intenta, sin éxito, colocarse bien el bañador.
- El vecino del trípode: El espécimen más peligroso. El jubilado o aficionado con base fija que planta su campamento en el paseo y graba en bucle todo lo que se mueva por la Bahía de La Concha. ¿Su piedad con el vecino que no quiere salir en internet? Cero.
- Luego está el turista culto que saca y comparte fotos de Donostia sin personal. Estos son los imprescindibles, los auténticos.
Otro día hablaremos de los fotógrafos de colas de Pintxos de tortillas.
Sin compasión en las redes
El resultado de este despliegue armamentístico-digital es que su jornada de relax termina empaquetada en vídeos de TikTok, Reels de Instagram o estados de WhatsApp ajenos. Todo ello aderezado con música de tendencia y compartido sin la más mínima compasión ni consentimiento.
Así que ya lo sabe: si va a pasear por la orilla de La Concha, hágalo con la cabeza alta, tripa un poco metida y su mejor sonrisa. No sabe si está saludando a un tía de Cuenca, al algoritmo de Instagram o a los lectores del diario de mañana. ¡Salgan guapos!
- Remitido: Xio Segundo para https://gipuzkoadigital.com/
- redaccion@gipuzkoadigital.com 22 Junio 2026
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