Diez años. ¡Diez! El tiempo que tardaron en construir la Nao San Juan, la réplica científica del ballenero vasco del siglo XVI, es casi el mismo que una hipoteca a tipo fijo. Pero, ¡al fin! La paciencia de la buena gente de Donostialdea ha tenido su recompensa, transformando la apacible bahía de Pasaia en un auténtico epicentro mundial, un «Cabo Cañaveral txiki» (versión local y con más encanto) donde hoy, 7 de noviembre de 2025, el mundo miraba al País Vasco. No era un cohete a la luna; era un barquito al agua. Pero, ¿acaso hay alguna diferencia en la emoción?
La Odisea Terrenal: Colas, Autobuses y la Mugi
Desde el amanecer, el ambiente era de histeria festiva controlada. Cierto, el tráfico de vehículos fue «restringido», un eufemismo que significaba «olvídate de tu coche y asume tu penitencia». Los autobuses iban tan atestados que casi podían considerarse transporte de sardinas, un guiño irónico a la tradición marítima.
Y luego, el verdadero cuello de botella, el Paso de Gigantes local: el cruce de la bahía. Las modestas motoras que unen un lado con el otro, ¡que ahora ya aceptan la tarjeta Mugi (el mayor avance tecnológico de la jornada, sin duda alguna), vieron colas dignas de la inauguración del Black Friday! Miles de personas, con la devoción de peregrinos, esperando su turno para ver el milagro: el momento en que la madera toca el agua, después de tantos años de martillo y formón en la factoría Albaola.
El «Nuestro Barco»: Un Sentimiento Popular (y la Prisa Política)
La afluencia fue masiva, con una notable presencia de amigos franceses (siempre listos para una buena fiesta o botadura). Pero la frase que resumía el sentir era la de una anciana de Donibane, con el brillo en los ojos: «Es nuestro barco». Una década de esfuerzo colectivo, de un proyecto que rescató oficios perdidos como la carpintería de ribera (¡bendita sea!), culminaba en un evento que era tanto un hito naval como una catarsis emocional para toda la comarca.
Y mientras el pueblo llano hacía colas épicas y sudaba la gota gorda en el transporte público, la «clase dirigente» mostró su propia y eficiente logística. Los políticos, con una coordinación que ya quisiéramos para el metro, llegaban a la misma factoría Albaola en otras motoras (presumiblemente de un tipo premium y de uso exclusivo), sin que la palabra «espera» formara parte de su vocabulario. ¡Claro! Después de todo, uno no puede arriesgarse a llegar tarde al evento que atestigua el éxito de una política cultural a largo plazo.
Conclusión: La Nao Flota, ¡La Fiesta Continúa!
Finalmente, el barquito está en el agua. Un hito que pone fin a la fase terrestre y abre la fase acuática de su construcción. Pasaia ha demostrado que, con madera noble, paciencia infinita y una pizca de ironía, se puede crear un evento que eclipsa cualquier lanzamiento espacial.
Ahora, que se prepare la bahía, porque la próxima etapa (el equipamiento íntegro, velas y cuatro kilómetros de cabos) se hará a flote. La San Juan ya es un barco, y la paciencia vasca, un mito que flota con él.
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