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Euskadi, DIA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2014, las rentas de las familias vascas dependen de que el perceptor principal sea hombre o mujer

Las mujeres ocupadas dedican casi el doble de horas diarias que los

hombres a cuidar de los hijos e hijas y de personas dependientes

Se puede afirmar que existe una “brecha de género” en los ingresos familiares, ya que

existen desigualdades en cuanto a las rentas familiares dependiendo de que el

perceptor principal sea hombre o mujer.

Así, si el perceptor principal es hombre, las familias tienen unos ingresos medios de

46.513 euros, concentrándose en su mayor parte en los estratos intermedios y altos,

mientras que, si es mujer, la renta familiar media se sitúa en 34.717 euros y se

concentran en los estratos de renta más bajos.

Hay que tener en cuenta que la renta familiar media de la C.A. de Euskadi se situaba

en 42.192 euros. Los ingresos medios para el conjunto de las familias vascas

correspondían a más del doble de la renta personal media

Cuando se analizan los datos de la renta desde el punto de vista del tamaño familiar,

también queda en evidencia la notable diferencia existente a favor del hombre. Así,

para un tamaño familiar de 1 persona, la renta familiar media ascendía a un total de

27.290 euros si el perceptor principal era hombre frente a los 19.770 euros si era

mujer. Esta situación se mantiene para todos los tamaños familiares estudiados. En el

caso de 2 personas, la renta familiar era de 38.642 euros para los hombres y de

35.041 para las mujeres, y para un tamaño de 3 a 5 personas se elevaba a 56.943

euros y 51.105 euros, respectivamente.

En otro orden de cosas, si se analiza la situación de la población de 16 y más años en

relación con su actividad laboral, hay que indicar que en 2013 la tasa de paro de las

mujeres vascas era del 14,1%. Esta tasa era muy inferior a la existente en España

(27,0%), aunque superior a la media de los países de la UE-28, el 10,9%.

Los últimos datos disponibles de la zona europea, correspondientes a 2012, sobre el

paro de larga duración de la población femenina, señalan que la C.A. de Euskadi

contaba con una tasa del 5,9%, frente al 4,7% de la UE-28. Sin embargo, la tasa de

paro de la población femenina española alcanzaba el 11,6%.

Por otro lado, si se comparan los datos de la población femenina de 16 a 64 años de

los países de nuestro entorno, se constata que la C.A. de Euskadi tenía una tasa de

ocupación femenina del 58,4%, muy similar a la de los países de la UE-28 (58,5%). La

tasa española era, sin embargo, más baja (50,6%).

Conciliación de la vida personal y familiar

La conciliación de la vida personal y familiar es otro asunto en el que los últimos datos

de Eustat, correspondientes a 2012, demuestran que todavía queda mucho por

avanzar. Así, en la C.A. de Euskadi las mujeres que trabajaban fuera de casa

destinaban 4,6 horas diarias al cuidado de los hijos e hijas menores de 15 años,

mientras que los hombres empleaban 2,9 horas diarias. Estas diferencias se agravan

en el caso del cuidado de las personas dependientes, actividad a la que los hombres

dedicaban 1,4 horas diarias y las mujeres el doble (2,9 horas).

Casi la mitad de las mujeres ocupadas (47,9%), además de su dedicación al trabajo

remunerado, destinaban también 5 horas o más al día al cuidado de menores y hasta

un 20,8% dedicaban ese mismo tiempo al cuidado de dependientes. A su vez, el

49,1% de los hombres ocupados colaboraba con 2 o menos horas atendiendo al

cuidado de sus hijos e hijas.

El reparto de tareas domésticas por sexo entre los ocupados y ocupadas resulta aún

más desigual: nueve de cada diez hombres (91,5%) dedicaba 2 o menos horas a esas

tareas, mientras que una de cada cuatro mujeres (27,9%) empleaban 3 horas o más.

Este desigual reparto de funciones motiva que un porcentaje significativo de mujeres

ocupadas, casi una de cada cinco, estaban muy insatisfechas con la colaboración que

ofrece su cónyuge o pareja en la realización de las tareas domésticas. Una gran

mayoría de los hombres ocupados (77,6%), por el contrario, estaban muy satisfechos

con la realización del trabajo de casa a cargo de su pareja.

Es de destacar que las mujeres trabajadoras expresaban una mayor satisfacción con

el cuidado de su descendencia, un 62% apuntaba que es alta, e incluso con las tareas

del hogar, el 48,3% declaraba también una alta satisfacción, que los varones

ocupados, que en el primer caso bajaba a un 50,9% y al 46,2% en el segundo.

La fecundidad sigue en niveles bajos y casi desaparecen los terceros hijos,

mientras la nupcialidad desciende

Por otro lado, el análisis de los Indicadores Demográficos permite prever que un varón

recién nacido en la C.A. de Euskadi viva casi 79 años y tenga una probabilidad de

casarse del 49%. En el caso de que sea mujer, su esperanza de vida se prolongará

hasta los 85,4 años, su probabilidad de casarse será de algo más de 54% y tendrá un

solo hijo. En ambos casos se mudarán de residencia 8 veces a lo largo de su vida.

Tanto los hombres como las mujeres han experimentado un incremento constante de

su esperanza de vida. Atendiendo a los indicadores observados hace 35 años (69,6

años de esperanza de vida para varones y 76,9 años para las mujeres en 1975), se

constata que la esperanza de vida de las mujeres se ha incrementado en 8,5 años y la

de los hombres en 9,3. En el 2025 las proyecciones de población sitúan la esperanza

de vida de las mujeres en 88,4 años y en 82,6 años la de los hombres. La diferencia

entre las esperanzas de vida de ambos sexos se ha reducido a 6,6 años desde la

máxima de 8,7 que se dio hace 20 años, y continuará esta progresión en el futuro

alcanzado el valor de 5,8 en 2026.

De todas maneras, son pocos los países desarrollados que pueden preciarse de

poseer tan alta esperanza de vida, especialmente en el caso de las mujeres. La

esperanza de vida femenina es idéntica a la de España y supera a la de Alemania y la

de la Unión Europea en su conjunto (83,2 años), aunque es aun ligeramente inferior a

la de Francia (85,7 años). La de los hombres también supera a la Unión Europea

(77,4) y Alemania (78,4), pero se sitúa 1 año por debajo de la española (79,4 años).

La fecundidad se halla en límites bajos si se compara con la que se registra en los

países de nuestro entorno. En 2011 el promedio de hijos se situaba en 1,3, muy lejos

de los 2,7 hijos de media obtenidos en 1975 y de los 2,1 necesarios para el reemplazo

generacional. La edad media para la maternidad se sitúa alrededor de los 32 años, 3,8

años más tardía que en 1975.

En el contexto internacional el índice de fecundidad se sitúa en niveles similares a los

de Alemania (1,36 hijos), pero está por debajo de la media europea (1,57) y a gran

distancia de Francia (2 hijos).

El análisis de la nupcialidad subraya que sigue retrasándose la edad al matrimonio. La

edad media al primer matrimonio es de 35,1 años para los hombres (8,4 años más

tarde que en 1975) y 32,8 años en el caso de las mujeres (8,6 años más que en 1975).

Como sucede con la fecundidad, se constata una considerable concentración de los

matrimonios en determinadas edades. Entre los 30 y los 36 años se produce el 48,1%

de los matrimonios de los varones y entre los 28 y los 34 años el 52,8% de los de las

mujeres.

Los datos indican que más de la mitad de los varones se quedarían solteros al igual

que algo más del 45% de las mujeres. Esta situación está muy lejos de la que se daba

hace 35 años, cuando prácticamente el 100% de las personas acababan casándose.

La distribución por género en las aulas universitarias refleja la diferencia a favor de la

mujer en el acceso a la universidad, cifrada en 8 puntos porcentuales: el 54% eran

mujeres, frente al 46 % de hombres, según datos del curso 2011/2012. Esta mayor

presencia de las mujeres se producía en todos los tipos de estudios: masteres oficiales

(57%), primero y segundo ciclo (53%), grados (54%) y doctorados (53%). Por otra

parte, se graduaron un total de 12.253 jóvenes, de los cuales el 60% fueron mujeres.

Con respecto al tipo de estudios, se observa una diferencia con respecto a la

especialización de los estudios, prefiriendo de forma mayoritaria las mujeres (61%)

aquellos que se engloban dentro de las Ciencias Sociales y Jurídicas. En cambio, el

83% de los hombres se reparte entre Ingeniería-Arquitectura y Ciencias Sociales y

Jurídicas. Es muy significativa la preferencia de las chicas por los estudios de Ciencias

de la Salud (8%), con respecto a los chicos (3%).

Además, de un total de 5.897 docentes que trabajaban en las universidades vascas

existía una mayor presencia de hombres (59%) que de mujeres (41%), en tanto que el

personal de administración y servicios estuvo compuesto por 2.692 trabajadores, de

los que el 65% eran mujeres.

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redaccion@gipuzkoadigital.com  GipuzkoaDigital.com    7 Marzo 2014

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