Diez años de DSS2016 Donostia San Sebastián, Crónica de un «Vro-Clav» y otros puentes hacia ninguna parte
Donostia 20 Enero 2026. Han pasado diez años. Una década desde que San Sebastián se puso la corona de Capital Europea de la Cultura y descubrimos, para nuestra sorpresa, que la cultura no era solo el Zinemaldia o comer pintxos de diseño, sino intentar no desfallecer con ese lío lingüístico pronunciando Wrocław.
¿Se acuerdan? Aquel 2016 fue el año en que los donostiarras, históricamente convencidos de que el mundo termina donde acaba el recorrido del 33 de Dbus, tuvimos que mirar al este.
Lecciones de polaco para ‘Koxkeros’
Todavía resuena en las paredes de las tabernas de la Parte Vieja el eco de aquella televisión local. Un esforzado organizador, con la paciencia de un santo y el optimismo de quien cree que puede enseñar a un buey a bailar ballet, intentaba explicarnos que nuestra «hermana de capitalidad» no se pronunciaba como se escribía.
- La teoría: «Vrots-uaf».
- La realidad donostiarra: «Esa ciudad de Polonia que empieza por W pero suena como si estuvieras leyendo liado un txirimiri perpetuo».
Al final, la mayoría optamos por la estrategia vasca estándar: llamarla «la otra» y seguir pidiendo una de calamares o gamba gabardina.
El manual del «Aprender a Convivir» (a precio de oro)
Mientras tanto, aquel periódico local —que hoy sobrevive con nostalgia y sin el romántico ruido de las rotativas en su sede— se convertía «en el tablón de anuncios más caro de la historia». Páginas enteras de publicidad institucional nos recordaban, a golpe de talonario público, que teníamos que «aprender a convivir».
Fue un detalle precioso. Hasta entonces, los donostiarras pensábamos que convivir era simplemente aguantar que el vecino pusiera la lavadora a las once de la noche o no empujar demasiado en la fila del autobús. Pero no. La Capitalidad nos enseñó que la convivencia era un concepto metafísico que requería mucha infografía, mucho color pastel y, sobre todo, mucha facturación publicitaria.
«Nunca antes se había gastado tanto dinero para decirnos que nos portáramos bien los unos con los otros. Fue como pagar a un coach para que te enseñe a respirar: caro, pero queda muy bien en el currículum de la ciudad».
El Puente de la Discordia (y del Frío)
Y, por supuesto, no podemos olvidar La Inauguración. Aquel espectáculo desde el puente que prometía ser la octava maravilla y acabó siendo un ejercicio de resistencia física.
Miles de ciudadanos agolpados junto al Urumea, esperando una catarsis artística que nos transformara en ciudadanos del mundo, para terminar mirando unas luces y pensando: «Pues para esto, me hubiera quedado en el bar, que tienen la calefacción puesta». Se suponía que los puentes unían culturas; aquel día, lo único que unieron fueron los resfriados de media Gipuzkoa.
Diez años después…
Hoy, en 2026, miramos atrás con esa ironía tan nuestra. El logo de la Capitalidad todavía sobrevive en alguna pegatina descolorida en un escaparate, como un fósil de una era en la que creímos que por un año seríamos el centro del universo intelectual.
Seguimos sin saber pronunciar Wrocław, el periódico ya no huele a tinta fresca y la convivencia… bueno, la convivencia sigue siendo lo de siempre: quejarse de los turistas y esperar a que llegue el próximo verano.
¿Qué nos queda de DSS2016? Una bonita anécdota, un par de esculturas que nadie entiende y la certeza de que, si nos vuelven a dar una Capitalidad, lo primero que pediremos será un traductor de polaco y una manta para el puente.

- Remitido: Xio Segundo para https://GipuzkoaDigital.com 20 Enero 2026
- Foto @HiperlocalSnSn en X

Diez años de DSS2016

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